viernes, 27 de febrero de 2009

Trabajo insalubre


Esta noche, ante una arremetida sensación de hambre, me dirijí hacia el quiosko de la vuelta en busca de algún alfajor o dos. Mi primer vistazo del comercio me mostraba a un empleado medio zombie, totalmente desorientado por la dureza de sus actividades, absolutamente encerrado dentro del local. Tal era su estado que a pesar de que el comercio está ubicado en una esquina, tardó unos segundos en notar mi presencia e intentar asistirme en mi compra. Su devolución fue negativa cuando le pregunté por determinada marca de alfajor. Tras el impedimento de complacer mi deseo, giré la cabeza y descubrí una canasta que promocionaba una oferta cuantiosa en otra clase de alfajores. Pero un gran error fue cometido cuando interpreté mal el aviso, y le pregunté al muchacho si el trato eran 3x$2 (generosa propuesta). Seguramente el hastío que le provocaba a este muchacho trabajar en tales condiciones hizo que su respuesta fuese "Sí, eso", mientras sostenía en la mano un celular con su pantalla encendida, muy probablemente esperando que se termine de escribir un mensaje de texto. Mi sorpresa fue cuando se dio cuenta casi torpemente, que la propuesta original era otra: la promoción establecía un 2x$3 como arreglo. Entiéndase bien, no era mi intención extender algún tipo de viveza sobre la compra, se trató de una equivocación involuntaria. Luego de recibir discupas por el malentendido, procedimos al intercambio.

Me retiré de la escena, no pensando en que lo sucedido fue un posible cuadro típico de idiotez, sino antes un reflejo de las pésimas condiciones en las que trabajaba este varón. Quien poco más se encontraba encadenado a una torre de mercadería debiendo soportar las agobiantes y mal pagas horas nocturnas; además de clientes como yo.