miércoles, 1 de febrero de 2012
La leyenda de Juan Chiviro
viernes, 20 de enero de 2012
La SOPA está servida

¿Y si un día nos quedamos sin internet? El futuro ya llegó, y se tiene que ir. El cerebro tecnoartificial del hombre desarrolla una red virtual para enviar y recibir paquetes, que logra contactar distintos puntos con una simultaneidad tan novedosa como escalofriante. Los terrícolas utilizan esta red para entablar diálogos, actualizarse, informarse, entretenerse, idiotizarse, encontrarse, perderse, etc. Ah, y también viene al pelo para intercambiar contenidos: llámese textos, imágenes (somos la generación de la imagen), música, genialidades y zonceras, pero que la gran mayoría está registrada como propiedad intelectual.
Aquel cerebro que ideó una telaraña que nos permite a todos interactuar de manera libre, sin barreras (o cada vez menos) hoy sufre los embates de los colosos económicos, hartos de verse burlados millonariamente por internautas curiosos, con hambre de descargas. Mientras que artistas independientes varios disponen de la web para compartir con el mundo sus orgullos, el país más poderoso del mundo intentará castigar severamente a quienes “hurten” contenidos.

Si la democracia digital se ha excedido y el mundo tiene que cambiar de hábitos, no lo sabemos, sería duro de imaginar una nueva internet con el poder legal de juzgar criminalmente a un usuario que hizo click donde no debía. Pongamos como ejemplo un disco, una grabación original de un artista reconocido. Luis Miguel, por ejemplo, quien en más de una ocasión durante sus shows imploró a sus fans que “no compren pirata”. ¿Será que el disco que circula en internet para descargar gratuitamente fue robado de la caja fuerte de la compañía discográfica por unos hampones encapuchados…o que quizá alguien SI pagó el elevado precio del disco y decidió regarlo por los oídos virtuosos del mundo entero?
La culpa no es del chancho, sino del que le da de comer. Pero los refranes de veterinarios también nos indican que no se debe morder la mano que alimenta; para algunos poderosos, los internautas están dejando sus dientes marcados en sus billeteras.
