Dicen
que él era un mocito
de
los pagos entrerrianos,
cerquita
de Federal
tenía
el rancho aquel paisano.
Buen
cantor y guitarrero
y
por todos muy querido,
se
callaba hasta el silencio
si
cantaba Juan Chiviro.
Y
un domingo en una yerra
se
pelearon dos hermanos
y
Juancito, buen amigo
se
metió pa’ separarlos;
pero
con tal mala suerte
que
un puntazo le abrió el pecho
y
abrazau a su guitarra
se
quedó mirando lejos.
Lo
lloró la paisanada
gimió
el pago dolorido,
pues
faltaba en el paisaje
el
canto de Juan Chiviro.
Y
cuentan que al poco tiempo
hubo
en el monte un revuelo,
desgranaba
un pajarito
sus
primeros bordoneos.
Inundaba
a la mañana
aquel
alegre silbido,
en
su canto repetía:
Juan
Chiviro…Juan Chiviro…
Comprendieron
los paisanos
que
era el joven que volvía,
en
el gaucho pajarito
que
cantaba con baquía.
Desde
entonces en mi tierra
lo
llamamos: guitarrero,
payador,
el Juan Chiviro
dueño
del paisaje entero;
de
chaquetita marrón
y
pañuelito en el cuello
se
recata la mañana
para
escuchar su concierto.
Se
presenta muy atento
con
su nombre y apellido,
va
diciendo su silbido:
Juan
Chiviro…Juan Chiviro…
