
Según científicas de todo el globo terráqueo, la función del caballero y los actos de caballerosidad mismos se han extinguido. Veamos…no avivarse cuándo es el momento indicado para ceder el asiento, no entregar el lugar en la cola para subir al colectivo, expulsarse del subte con apuro sobrepasando cuerpos varios, ¿Qué hombre no ha protagonizado algún episodio semejante? Nuestros pares femeninos han puesto el grito en el cielo hace ya tiempo: no existen más caballeros. Fruto de una burda generalización indiscriminada, tal vez, o simplemente un análisis un tanto “feminocéntrico”, lo cierto es que el manifiesto anteriormente enunciado puede y debe ser objetado. Aquello que jamás ha de ponerse en cuestionamientos poco iluminados, será todo lo que incluya modales y reglas de educación básicas para cualquier humano civilizado.
Situemos el primer escenario en un ámbito laboral común a casi todos. Para empezar: ascensor. Pequeño contingente que desea abordar al elevador, y el varón advierte la presencia de una señorita. En caso de primar el abordaje de su semejante, el hombre puede ser apreciado como un caballero y hasta puede marcar una tendencia que llevará a sus pares a repetir la acción. O en el peor de los casos, nuestro personaje puede, sencillamente, quedar como un idiota. Ubiquémonos en la mente de la mujer. Podríamos apostar a que un 50% de ellas lo tomaría como un buen gesto, y la restante mitad se reiría por dentro, asegurándose algo parecido a un “¡que baboso! Hubiese entrado primero”.
Lo cierto también es que la mujer ha luchado por un rol igualitario ante las condiciones del hombre promedio durante varias décadas. Hoy por hoy, cuándo si no, esto parece ser un hecho. Hasta se podría incitar a los hombres a retrucar el postulado feminoide sobre la escasez de caballeros, diríamos que también se han extinguido las amas de casa. Si bien el hombre se ha mofado de los quehaceres domésticos desde que el mundo gira y da vueltas, nadie debería menoscabar dichas labores. Sin embargo, una cada vez más creciente ola de simpatía pseudo masculina por los hábitos, actitudes y costumbres femeninas ha hecho que señoritos de a montones se hayan animado a calzarse el traje de amos de casa (favor de no incluir aquí síndromes de conducta metrosexual).
Retornando a un desempeño laboral equitativo para ambos géneros, pueden surgir episodios de excesos en la autodefensa femenina. Parece ser que actualmente está mal visto solicitar un favor, o encomendar una tarea mínima a una mujer. Segundo escenario, el cual tranquilamente puede desarrollarse en el entorno hogareño como así en una oficina de las más normales. El agua caliente del termo se ha acabado. Se precisa un esqueleto voluntarioso que no presente impedimentos ni excusas para volver a introducir agua a punto de ebullición dentro del instrumento empleado para conservar la misma a buena temperatura y, de paso, cebar mate. ¿Qué sucedería si un individuo masculino le oferta a otro femenino cumplir con esta encomienda? Organismos respetables de investigación en la materia, han registrado respuestas de tipo de “Estás loco si pensás que voy a ir y, no hay chances. ¿Por qué no levantás el traste de la silla y vas vos solito, querido?”, entre otras. Inentendible, pues.
Situemos el primer escenario en un ámbito laboral común a casi todos. Para empezar: ascensor. Pequeño contingente que desea abordar al elevador, y el varón advierte la presencia de una señorita. En caso de primar el abordaje de su semejante, el hombre puede ser apreciado como un caballero y hasta puede marcar una tendencia que llevará a sus pares a repetir la acción. O en el peor de los casos, nuestro personaje puede, sencillamente, quedar como un idiota. Ubiquémonos en la mente de la mujer. Podríamos apostar a que un 50% de ellas lo tomaría como un buen gesto, y la restante mitad se reiría por dentro, asegurándose algo parecido a un “¡que baboso! Hubiese entrado primero”.
Lo cierto también es que la mujer ha luchado por un rol igualitario ante las condiciones del hombre promedio durante varias décadas. Hoy por hoy, cuándo si no, esto parece ser un hecho. Hasta se podría incitar a los hombres a retrucar el postulado feminoide sobre la escasez de caballeros, diríamos que también se han extinguido las amas de casa. Si bien el hombre se ha mofado de los quehaceres domésticos desde que el mundo gira y da vueltas, nadie debería menoscabar dichas labores. Sin embargo, una cada vez más creciente ola de simpatía pseudo masculina por los hábitos, actitudes y costumbres femeninas ha hecho que señoritos de a montones se hayan animado a calzarse el traje de amos de casa (favor de no incluir aquí síndromes de conducta metrosexual).
Retornando a un desempeño laboral equitativo para ambos géneros, pueden surgir episodios de excesos en la autodefensa femenina. Parece ser que actualmente está mal visto solicitar un favor, o encomendar una tarea mínima a una mujer. Segundo escenario, el cual tranquilamente puede desarrollarse en el entorno hogareño como así en una oficina de las más normales. El agua caliente del termo se ha acabado. Se precisa un esqueleto voluntarioso que no presente impedimentos ni excusas para volver a introducir agua a punto de ebullición dentro del instrumento empleado para conservar la misma a buena temperatura y, de paso, cebar mate. ¿Qué sucedería si un individuo masculino le oferta a otro femenino cumplir con esta encomienda? Organismos respetables de investigación en la materia, han registrado respuestas de tipo de “Estás loco si pensás que voy a ir y, no hay chances. ¿Por qué no levantás el traste de la silla y vas vos solito, querido?”, entre otras. Inentendible, pues.
La guerra de los sexos parece estar muy lejos de un acuerdo bilateral que satisfaga ambas partes. Cualquier expresión del escribiente deberá ser reemplazada en el inconsciente del lector por un arduo ánimo de alcanzar la paz; a no confundirse.
2 comentarios:
Las mujeres querian igualdad, ahora la tienen. No se pueden quejar.
Pienso así también... en particular no puedo evitar arrebatos de caballerosidad, sin embargo en cierta medida ser caballero es decir: "Señoritas... son inferiores e idiotas, no pueden hacer nada por sí solas y hay que darles prioridad para todo para que sea menos miserable su exixtencia". Como no pensamos eso, debemos dejar la caballerosidad en el pasado, donde sí creían eso de las mujeres. Muy bueno el Blog, Andrés!
http://diegobarrios.es.tl/
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